Es domingo y llueve. Llueve sobre las calles, sobre las azoteas que llevan el nombre de un suicida escrito en ellas, sobre los valientes, sobre Noviembre y sobre los versos.
Es domingo. Es de noche. Y llueve. Acaricio los últimos momentos de libertad. Cierro los ojos e intento respirar de nuevo la esencia, la esencia perdida de una vida sin sentido. Imagino miles de océanos engullendo mi persona y mis esperanzas. Me empapo de vida y noto la humedad en los párpados. Me empapo de vida, me empapo de sensaciones, de tristeza y alegría. Los miles de océanos me zarandean, me hacen bailar y me impiden respirar.
Lo imagino dentro de mi cabeza, donde todo cobra sentido durante unos segundos hasta que abro los ojos y todo desaparece. Todo se esfuma y nace de nuevo una extraña sensación de vacío y pena.
Es domingo.
Y llueve.
Y no sé cómo haceros ver que estos océanos imaginarios me están engullendo sin piedad.
Y no sé cómo haceros ver que no quiero que se vayan.
Y llueve.
Y no sé cómo haceros ver que estos océanos imaginarios me están engullendo sin piedad.
Y no sé cómo haceros ver que no quiero que se vayan.
1 comentario:
Hipnotizador, como siempre.
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