martes, 14 de agosto de 2012

Carta al Mundo.

                                                                                         Una noche cualquiera en un sitio cualquiera.
Mundo:

Yendo más allá de lo habitual me gustaría escribirte. Hablo de habitual porque soy consciente de que las siguientes palabras que escribiré no serán completamente originales, quizás hasta resulten obvias al ser leídas, pero como mundana que me considero adquiero la responsabilidad de escribirlas. Adquiero mi parte de responsabilidad sobre ti, sobre un mundo que se destroza cada vez más a cada segundo que pasa. Un mundo que, aunque bello y armonioso, adquiere cierto tono grisáceo en numerosas ocasiones.

Ya no escribo sobre guerras, ni sobre armas, ni sobre niños que se mueren de hambre, hechos que me son incomprensibles como a la mitad de tu población, pero hechos que ya han sido criticados, que son criticados y que seguirán siendo criticados mientras tú existas. No quiero escribir sobre lo que tú deberías ser, porque es algo que todos sabemos y compartimos.

Palabras como la justicia, la ética, el respeto, la solidaridad y el amor han sido destripadas hasta carecer de significado. Estás vacío, Mundo. Ojalá pudieras llenarte de nuevo. No quiero bañar mis palabras de pesimismo propio del quejica del siglo XXI, pero dime tú de qué las baño cuando los sueños se rompen con bombas que matan miles de personas. Cuando las mismas personas que son capaces de amar cometen crímenes que son indescriptibles con palabras. Cuando ciudades enteras caen en las redes de la violencia y se sumergen en charcos de sangre y penuria. Cuando prometen los que gobiernan la paz y lo único que siembran es el temor.

Eres, en toda tu plenitud, lo que quisimos o permitimos que fueras. No eres más que un refugio de pena, que un refugio de libertad inventada y sonrisas falsas. Casi nada encuentro en ti que me llene del todo. Y no te hablo a ti como planeta Tierra, sino como a un concepto abstracto en el que nací. 

Nos nacen en ti. Nos dan una libertad de la que todavía muchos dudamos. Nos hacen ser de un país, luchar por ese país en el que, sin nosotros quererlo, hemos nacido. Y aunque te parezca absurdo, Mundo, todavía no comprendo tus divisiones. ¿Quién marca las líneas? ¿Quién marca los límites? ¿Tú? ¿Yo? ¿Los que gobiernan? ¿La ignorancia del que se deja hacer sin cuestionarse nada? Sí, será eso último
No comprendo por qué, si soy del Mundo debo sentirme de un país. Pero quiero llegar más aún al meollo de la cuestión, profundizar más. Permítemelo, sé que no estás acostumbrado.

Ahora dime, Mundo, qué tal te sientes al ser el hogar de los mayores monstruos existentes. Qué tal llevas el hecho de tener que acunar entre tus brazos la tristeza, la incomprensión, la furia de todos nosotros. Imagino que tú no querrás, supongo que ansías escupirnos y azotarnos, acabar con nosotros. Es lógico. Somos monstruos. Monstruos perfectamente arreglados, con hermosos ojos y preciosos cuerpos esculpidos por las superficialidad y la imagen más nuevecita. Somos pequeñas perlas rellenas de magia negra.

Tocando otro tema que me preocupa me gustaría preguntarte sobre eso de las clases. No sé si estarás al tanto, pero nosotros, los monstruos, la mierda que te puebla estamos divididos. No hablo de las divisiones territoriales que antes nombraba, sino de las divisiones interiores. Esas que duelen.
Resulta que dependiendo del color de nuestra piel, de nuestra orientación sexual o de nuestras creencias somos juzgados por otros y castigados si es conveniente. Ya ves tú, qué más te dará. Para ti seguiremos siendo la misma basura en forma de plaga que te enferma. La misma suciedad que te provoca arcadas.

Pero, aunque te parezca asombroso, no deberías perder la esperanza. Todavía quedamos monstruos con ganas de cambiarte, con ganas de hacerte más bonito. Sí, de verdad. Todavía existe gente que derrama lágrimas y gotas de sudor por intentar mejorarte. Gente que cree en eso de que lo imposible no existe. Gente con imaginación, como yo. Gente que imagina un mundo sin dinero, sin marcas territoriales, sin violencia, sin noticias malas y sin engaños. Gente que busca lo mejor de ti en tus paisajes, en la belleza de tus cielos y en la armonía de cada verso que nos regalas. Todavía quedamos soñadores en busca de una pizca de belleza en ti. 

Por eso te escribo, Mundo. No te reprocho nada, sé que tenemos la culpa nosotros. Sólo quiero que sepas que aguantes un poco más. Podemos cambiarte. Juntos.

Se despide con cariño,
Una soñadora más que tiene miedo a dormirse de nuevo.



4 comentarios:

María Hojas De Papel dijo...

¡Hola! (¿Te has dado cuenta de que nunca saludo? A partir de ahora,lo haré) ¿Por dónde empezar? Nunca había leído nada así,tanto por la forma en que está escrito,como a quien va dirigido. Es...original,fresco,sincero,maravilloso...Te has expresado a la perfección, todos los horrores que pasan a diario,los que somos ajenos...
¡Un beso y sigue así!

Lausaver dijo...

Es genial..., optimista es un rato y eso no me suele gustar, pero esto es diferente, porque hablas sobre la realidad, que por muy difícil que parezca entre todos podemos hacerla mucho más fácil que respirar.
Soñadores, simplemente eso...

Walking Disaster. dijo...

Perfecto, coincido con la gran mayoría del texto. Ojalá el mundo recibiera esta carta, ojala pudiésemos pedir perdón por ser los monstruos que somos.

†Antüan† dijo...

Realmente me dejaste sin palabras, somos monstruos en un mundo al que no respetamos, aunque a el le debemos la vida... Podremos cambiar este mundo? esa es mi única pregunta, porque serán pocos lo que quieren cambiarlo, porque serán muchos los que lucharan contra nosotros, y con todo el poder que uno de ellos tiene nos puede destruir.

Este realmente fue un comentario muy pesimista, pero así soy... besos Antuan