jueves, 12 de abril de 2012

Aquel poeta idiota que se hería con cada verso.

Él no caminaba, él no caminaba por las calles de Madrid con un cigarrillo en la mano como es usual. No, él era de los que se quedaba en casa los días lluviosos (que para él lo eran todos) y escribía versos y más versos que no se unían entre sí, que no emprendían el vuelo y no se hacían suspiros. 
Sus manos delicadas y femeninas sujetaban con firmeza la pluma y la deslizaba por el papel como una bailarina experta ágil y fina. En el papel trazaba palabras, palabras que pretendían ser algo más que letras unidas y sentimientos escupidos en forma de tinta. Sus palabras pretendían ser grandes, ser hirientes, hermosas, dulces y enigmáticas, pero tanto pretendían ser que sólo eran palabras.
Cuando él escribía se sentaba en una gran butaca vieja y descolorida cercana a la ventana. Apoyaba su papel en una mesita de cristal y, mirando a través de la ventana esperaba, esperaba y esperaba. Esperaba que quizás, las gotas de lluvia que se adherían a su ventana le trajeran respuestas, pero jamás lo hacían. Esperaba que la mañana fría y el olor a café inspiraran sus versos, pero sólo lograban herir su corazón ya dañado por tantos zumos de naranja sin compartir.
Me duele el alma. Me duele el alma y pierdo la consciencia con cada palabra mal dicha y mal escrita. Y son tantas, hermosura, son tantas...
Así escribía sus palabras cada día, con un toque triste y dulce, con ese toque que sólo los que escriben por necesidad conocen. No se conocía así mismo cuando navegaba a través de tantas letras y tantas penas y, con los ojos cerrados, se sumergía en sí mismo esperando, siempre esperando a que algo más pudiera ayudarle, algo más que las letras y las manchas de tinta que vaciaban su mirada.
¿Y por qué, por qué, musa de la literatura? ¿Por qué no acudes y me acaricias? Dime por qué yo, solo y triste, debo seguir adelante sin saber hacia dónde voy. Dímelo ya, reina de la poesía, ¿Qué puedo hacer yo para no ser así y ser belleza y versos?
Se desesperaba y enloquecía en su oscura y lluviosa habitación. Gritaba y lanzaba los papeles al suelo, manchaba la alfombra de café y lloraba ahogado en pena. ¡Qué tristeza verle así, tan vulnerable y entristecido como una mariposa a la que le robaron las alas! ¡Qué pena ese poeta que rezaba a la lluvia y moría cada noche!
A veces, a veces me creo muerto en un mundo de vivos. Tan muerto y tan frágil como una cucaracha atrapada en una cocina, desorientada, mínima e incapaz de comprender el revuelo a su alrededor. A veces creo que ya he muerto y que permanezco aquí, castigado y enmudecido por mero capricho divino. A veces, pequeña, a veces te miro y te creo hermosa.
Ya se le hacía tarde, eso creía el poeta de la boina torcida y mirada cansada. No entendía su existencia y quería desaparecer por siempre. 
No le fue del todo difícil. A penas dejó manchas y, con un último suspiro abandonó el mundo. Sí, el poeta idiota se consumió como lo hace un cigarrillo en una noche helada. Se consumió y tan sólo dejó alguna poesía mal rimada y algunos versos sin sentido que lloran la ausencia de su autor.
¡Qué poeta más idiota aquel que se encierra en la poesía de su interior y no es capaz de ver más allá de la mirada suave de la lluvia!





9 comentarios:

un pequeño corazón de manzana dijo...

Todos tenemos bastante de poetas idiotas regodeados en el dolor.

Un saludo muy tímido.

Adriana. dijo...

INCREÍBLE JODEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEER.

María Hojas De Papel dijo...

Sin palabras como siempre. Pero a positivo ¿eh? xD Es genial y sin palabras otra vez jajaja
¡Un besazo!

Naiara dijo...

siempre esperando y esperando creyendo que el tiempo traerá la solución o algo mejor con lo que poder trabajar y ser feliz...
Sin darse cuenta que su musa es el día a día y la enigmática vida.
muy buena entrada :)

The Gossip Eye dijo...

G U A U

En cada entrada te superas, en serio!
Qué pasada de texto...
Y qué pasada de canción.

Lo he leído mientras la escuchaba y no podía haber sido más acierto ponerlos juntos :)

Seguro que aquel poeta idiota era una persona muy interesante.

m u a a a k

Jack Redfield dijo...

:O
Es... es genial O_O
Quiero decir... normalmente me gusta mucho lo que escribes, pero esta entrada es INCREÍBLE.
Me gustan mucho las partes en las que habla el poeta, son preciosas (tristes, sí, pero sabes que siempre he encontrado precioso tal sentimiento, al igual que horroroso y frustrante).
Un beso, Elise

Jack

PD: Siento no aparecer por aquí, he estado MUY liado (y aún lo estoy, pero bueno). Ni siquiera sé cómo saco tiempo para escribir en mi blog =S

Elise dijo...

¡¡Muchas gracias a todos!! *-* Me alegra que os gustara, y que os paréis a leerme. Sois un encanto :3

Un beso para cada uno :D

Walking Disaster. dijo...

GENIAL.
Creo que todos nos hemos sentido así alguna vez, sin inspiración y perdidos como una cucaracha en la cocina <3

Elise dijo...

Gracias, Walking Disaster. Me alegra que te gustara :3

Besos <3